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ENFRENTAR EL NUEVO CURSO PROFESIONAL

Por Consol Iranzo CEO de Karisma el 22/07/2012

Nos encontramos nuevamente en Septiembre. Mes que, para la gran mayoría de las personas, significa reanudar las actividades después de las vacaciones estivales.

Algunas han recargado pilas y vienen pletóricas de energía, dispuestas a enfrentar con una actitud positiva el nuevo curso “escolar”. Otras, a su vuelta, ya están deseando que lleguen pronto las próximas vacaciones y enfrentan el retorno desde una perspectiva de resignación. También las hay que piensan que han sido excesivamente largas y están deseando volver a recuperar su vida y hábitos anteriores.

¿Qué diferencia a unas de otras? ¿Por qué esas distintas percepciones ante situaciones que pueden ser similares?

Pueden existir muchas respuestas e hipótesis al respecto y seguro que cada uno de nosotros lo analiza de forma diversa, pero, bajo mi punto de vista, el hecho de que algunas personas afronten con resignación la vuelta al trabajo puede ser debido a que el propio trabajo en sí no les satisface, o bien que el entorno profesional (compañeros y/o jefes) no es el deseado, o que la cultura o valores de la empresa no encajan con los propios. Estilos de liderazgo, presión, dedicación horaria, salario… también pueden ser otros de los motivos.

Si nos referimos a aquellas personas que quieren, ante todo, retornar a su vida “normal” –en la que manifiestan sentirse especialmente confortables–creo que el motivo podría ser quizás la necesidad de volver a sentir que todo está bajo control y que no hay que gestionar situaciones nuevas ni tener la obligación de tomar decisiones sobre algunos temas que no les son habituales y que les genera sensación de incomodidad.

En cambio, en mi opinión, la tipología de personas que muestran una actitud positiva son aquellas que han aprendido a gestionar y disfrutar cada una de las situaciones que les ofrece la vida, es decir, vivir el presente valorando todo lo que cada uno de esos momentos conlleva. Habrá experiencias y situaciones que habrán elegido o aceptado de forma positiva, aun en el caso de que algunas de ellas hayan sido difíciles, pero siempre procuran extraer aprendizajes de todas ellas.

Imagino que, quizás, algunos de vosotros estaréis pensando que existen muchos más tipos de personas. Estoy totalmente de acuerdo y, por descontado, no se puede generalizar ni banalizar sobre algunos temas. Pero, lo que pretendo con este artículo es tratar de realizar un análisis simple para poder identificar cuáles pueden ser los aspectos que pueden influenciar en tener un tipo u otro de comportamiento y, de esta manera, ser capaces de observar hasta qué punto podemos realizar cambios que supongan una mejora para cada uno de nosotros.

Nada más lejos de mi intención dar consejos. Me daré más que por satisfecha si una de las reflexiones que se expongan aquí puede ser de utilidad para alguien.

Hay ciertas cosas que no podemos cambiar: el pasado, la muerte, la enfermedad, los padres… Puede ser que no nos gusten y querríamos que fueran diferentes. Pero, lo cierto es que emplear energía y esfuerzo en pretender cambiarlas no conlleva a nada. Quizás a una cierta frustración o, en algunos casos, a un cierto nivel de agresividad por no querer aceptar esa realidad, hecho que incluso puede conducir a la persona a albergar resentimiento.

Por el contrario hay situaciones que sí podemos cambiar: el trabajo, la pareja, la casa, el país… Puede que tampoco nos agraden y querríamos que fueran diferentes. Sin embargo, es en estos casos en los que, aun teniendo la facultad de decidir realizar un cambio, buscamos mil y una excusas para convencernos de que ello no es factible y acabamos en la resignación.

Otra cosa es que, analizada la situación, tengamos el firme propósito de ejecutar el cambio, que no tiene por qué ser inmediato, e incluso hagamos un plan de acción que nos permita alcanzar la meta que nos hayamos propuesto en el tiempo que consideremos adecuado.

Si por fin nos decidimos a realizar los cambios que queremos de aquellas situaciones que no son las que deseamos en nuestra vida y que realmente dependen de nosotros, ese será el momento en que realmente estaremos liderando nuestras vidas.

Esta acción requiere, ante todo, una actitud positiva, un deseo real de buscar la felicidad y, por tanto, encontrar nuestro equilibro interior. También, es cierto que se precisan ciertas dotes de valentía, puesto que, en muchos casos, comporta la necesidad de salir de nuestro círculo de confort, que no necesariamente tiene que ser confortable, sino que está conformado por aquellos hábitos adquiridos a lo largo de nuestra vida y que nos dan seguridad, pero no necesariamente felicidad.

En resumen, lo que pretendo decir con esta tribuna es que, en mi opinión, tomemos la decisión que tomemos, ésta debe ser fruto de un autoanálisis que nos permita conocer cuál es nuestro estado emocional y que tenemos que ser conscientes de que la resignación y el resentimiento limitan nuestras posibilidades de conseguir lo que queremos en la vida (o la forma en que queremos vivirla) y, por tanto, nos restan oportunidades de desarrollo como personas y también como profesionales.

Por ello, animo a todos los lectores a que tengan y muestren una actitud positiva para enfrentar el nuevo curso “escolar”, eligiendo, en la medida de lo posible, qué quieren ser “de mayores”.



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