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¿POR QUÉ DECIMOS SÍ CUANDO QUEREMOS DECIR NO?

Consol Iranzo CEO de Karisma el 01/01/1970

La filosofía del lenguaje, aparecida a mediados del s. XX, planteó que, cuando hablamos, no solamente describimos una realidad existente, según la concepción tradicional, sino que también actuamos. Es decir que el lenguaje es acción. Por tanto, los actos lingüísticos, que se clasifican en Afirmaciones y Declaraciones, se refieren a los actos que realizamos al hablar.

La declaración del NO es uno de los actos lingüísticos más importantes para el ser humano. Siendo así, ¿por qué nos cuesta tanto utilizarlo?

Pueden existir diversas razones por las que resulta difícil decir NO. Por ejemplo, podemos pensar que si decimos NO a alguien éste se puede sentir ofendido; no queremos defraudar las expectativas del otro; tenemos miedo a no ser aceptados / queridos; o simplemente nos es más sencillo decir SÍ porque pensamos que así evitamos posibles conflictos. A veces, ni tan siquiera decimos SÍ; simplemente no contestamos, por lo que la otra persona deduce que es un SÍ, pero lo cierto es que, de esta forma, no nos responsabilizamos de aquello que el otro espera de nosotros.

¿Qué creencias limitantes pueden provocar nuestra respuesta? Puede que desde nuestra más tierna infancia nos hayan dicho cosas del tipo: “Tienes que obedecer porque eres un buen niño”, “No vas a defraudarme”, “Siempre tienes que obedecer a los que tienen más autoridad que tú”, “Eres un egoísta porque sólo piensas en ti y en lo que tú quieres”, etcétera.

Decir NO tiene que ver con la capacidad de expresar lo que pensamos. Nos permite poner nuestros límites sin temor a ser juzgados, mientras que decir SÍ, cuando en realidad queremos decir lo contrario, nos pone en una situación de insatisfacción hacia nosotros mismos. Por tanto, debemos aprender a expresar de forma honesta y transparente nuestra elección.

Patricia Ortiz, psicoterapeuta humanista, afirma que el tipo de personas a las que les cuesta decir NO “son personas con baja autoestima, con una gran necesidad de ser aceptados, que tienen miedo al rechazo y que, por ello, anulan sus propias necesidades y deseos a favor de otros”.

Para decir realmente aquello que sentimos y mantenernos firmes en nuestro NO, cuando lo que se espera de nosotros es un SÍ, se precisa tener una autoestima muy alta, tener conciencia de nuestros propios valores y no ceder ante la presión a la que podamos estar sometidos.

También sería oportuno reflexionar en cómo aceptamos nosotros el NO ante nuestras peticiones. ¿Lo vivimos como un rechazo? Porque, en caso afirmativo, es una clara respuesta del porqué nos sentimos incapacitados para decir NO a otras personas. Es preciso separar a la persona de la petición, el SÍ o el NO se refiere a la petición exclusivamente y no a la persona. Por tanto, debemos sentirnos libres tanto para realizar peticiones y aceptar que nos digan NO, como para decir NO nosotros también a las peticiones de los demás.

Nanette Gartrell, psiquiatra del Centro para la Salud de la Mujer de la Universidad de California, dice que “cada vez que dices NO, estás diciendo SÍ a algo que es más importante y es más fácil decir NO si tienes la comprensión de que mereces ser tratado con respeto. Esto te da una ventaja para establecer límites, relaciones sanas y crear la vida que tú elijas”.

En el mundo laboral pensamos que es muy difícil, y diría que hasta arriesgado, decir NO a según qué personas. No obstante, las consecuencias que se pueden derivar de no decirlo pueden ser mucho peores. Por ejemplo, si se nos encomienda un trabajo y no hemos sabido decir que es imposible realizarlo y cumplir con las fechas que se esperan –eso sí, proponiendo alternativas más realistas– ello producirá ineficacia al tener que modificar todas las acciones posteriores que estaban programadas, ya que normalmente un trabajo forma parte de una cadena en la que intervienen otros muchos actores.

Con este artículo no pretendo influir para que siempre se diga NO a todas las peticiones. Lo que pretendo es que, desde la firme creencia de que somos responsables, seamos libres y conscientes de lo que significa utilizar una u otra declaración y que, por tanto, seamos conscientes de nuestras propias decisiones y asumamos las consecuencias de las mismas. Esta coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos hará que nuestra autovaloración sea alta y que también ganemos el respeto de los demás.



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