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REDESCUBRIR A LOS CLÁSICOS

Consol Iranzo CEO de Karisma el 01/01/1970

Hoy quiero desvelar a los lectores de esta tribuna que una de mis principales pasiones es la lectura. Poder dedicar tiempo a leer un buen libro me proporciona una gran satisfacción, además de enriquecimiento personal en la mayoría de las ocasiones.

Como sabréis el pasado día 23 de abril se celebró en Catalunya la Diada de Sant Jordi, que es el patrón de Catalunya y que, según dice la leyenda, venció al dragón para salvar a la princesa, símbolo de la victoria del bien sobre el mal. La tradición en la Diada de Sant Jordi, una de las fiestas más populares desde mediados del siglo XV, es intercambiar rosas y libros entre personas allegadas.

El 23 de abril también fue declarado Día Internacional del Libro por la Unesco en la Conferencia General celebrada en París en 1995. La elección de ese día fue porque el 23 de abril de 1616 fallecieron los escritores Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Esta coincidencia parece ser que no es tal, ya que Cervantes realmente murió el 22 de abril. Además, en aquella época, las fechas no podían haber coincidido nunca, ya que Gran Bretaña usaba el calendario juliano y España el gregoriano. A la celebración del Día Internacional del Libro, se incluyó la Diada de Sant Jordi, de manera que en una misma fecha se han aunado tradición, escritores y libros.

Para los amantes de la lectura como yo, esta efeméride nos permite pasear entre paradas de libros que se emplazan por las calles, donde se exponen las más variadas obras y donde muchos escritores se brindan a firmar ejemplares de sus obras.

Este año, de los cientos de libros expuestos a la curiosidad pública, os recomendaría “El Asesinato de Sócrates” de Marcos Chicot, finalista del Premio Planeta 2016. Y, ¿por qué hago mención de este libro y no otro cuando existe una lista muy larga de libros recomendables? El hecho de que me refiera a éste en especial es porque justamente lo he acabado de leer y me ha parecido fascinante.

Reconozco que, como coach, tengo una predilección especial por la figura de Sócrates y es por ello que, desde que escuché el título y busqué críticas sobre el mismo, consideré que podría ser un libro muy interesante, como a posteriori he podido corroborar. Aunque se trata de un relato novelado, lo cierto es que ofrece una visión muy aproximada de la Grecia Clásica (499 a.C. – 323 a.C.) y de los personajes claves de la época, incluyendo Sócrates.

Creo firmemente, al igual que muchos coachs, que la piedra filosofal del coaching la puso Sócrates, puesto que, alrededor del año 450 a.C., fue el primero en utilizar y promover el Diálogo como el mejor método para motivar a sus discípulos a alcanzar el conocimiento y la verdad. A esta disciplina le puso el nombre de “El Arte de la Mayéutica”, que básicamente consistía en hacer preguntas para que los otros llegaran por sí mismos a sus propias conclusiones.

La palabra Mayéutica es una palabra griega que se traduce como obstetricia, que es la parte de la medicina que se ocupa de la gestación, el parto y el tiempo inmediatamente posterior a éste. La madre de Sócrates, Fainarate, era comadrona y Sócrates trasladó el significado médico de esta palabra al ámbito filosófico: El arte de contribuir a dar a luz al humano pensador. Sócrates confiaba en que cada uno de nosotros tiene el conocimiento verdadero y que tan sólo necesita el debate y la motivación para alcanzarlo.

Sócrates también utilizaba la ironía (hoy conocida cómo Ironía Socrática) con la que adoptaba una posición de ignorancia e interrogaba, encadenando una serie de preguntas y refutaciones, a quienes afirmaban poseer conocimientos irrefutables, para demostrar con este método la invalidez de sus afirmaciones.

Podríamos seguir hablando de Platón, discípulo de Sócrates que continuó ampliando las enseñanzas de su maestro y que plasmó en diversas obras, o de Aristóteles, mentor de Alejandro el Magno, que también escribió muchas obras con puntos de vista diferenciados.

Creo sinceramente que tenemos mucho que aprender de los clásicos y que redescubrirlos podría contribuir a tener percepciones diferentes y una mente más abierta, lo que sin lugar a duda contribuiría a mejorar la comprensión de nosotros mismos y de los demás.

En mi opinión, si aprendiéramos a aplicar en nuestros diálogos cotidianos estas dos formas de interacción que utilizaba Sócrates, podríamos llegar a alcanzar una prodigiosa riqueza de pensamiento y de conocimiento. Ello, entre otros aspectos, nos ayudaría a tener un conocimiento de nosotros mismos más elevado y también a potenciar el entendimiento con otras personas, lo que, sin duda, sería muy beneficioso para generar comunicaciones mucho más valiosas.



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